La noche cayó sobre Pénjamo como una sentencia. Nadie estaba preparado para el estruendo, para las sirenas, para los mensajes desesperados que inundaron los teléfonos. Calles vacías, persianas a medio cerrar, rumores de muertos y desaparecidos. Mientras unos rezaban, otros contaban los casquillos en el pavimento. El municipio amaneció distinto, heri… Continues…